Antaño, aquella habitación había estado llena de vida y de color, pero ahora no era más que oscuridad. Dentro de ella, un joven estaba de pie, mirando en derredor sin ver nada. Había tocado las paredes con las manos y había comenzado a andar junto a ella, pero cuando se dio cuenta de que no hacía más que girar en las esquinas, dejó de hacer tan inútil esfuerzo. Se sentó junto a la pared de aquella habitación en la que no había nada más que su persona, y ni siquiera sabía quién era ni cómo había llegado allí.
Notó como algo caía, poco a poco, por su mejilla, sin saber qué era: nunca antes había llorado. O quizá sí, pero no recordaba nada anterior a aquel espantoso lugar.
Apoyó la cabeza en la pared, e intentó dormir. Sin embargo, cuando apunto estaba de caer en un profundo sueño, escuchó una voz. << Inténtalo>>, decía. <<No lo has intentado con todas tus fuerzas>>.
-Pero si no puedo-respondió el joven.-No hay puerta ni ventana por donde salir de aquí.
<<Efectivamente, no la hay>>, respondió la extraña y cálida voz.<<Pero no necesitas más que tu fe y mi compañía, y Yo, aunque no te responda, siempre estaré a tu lado.>> Tras decir esto, aquel ser desconocido se alejó.
Había dicho que usase su fe. Tal vez si...
Se puso en pie de un salto, con su batería recargada de una fuente de energía llamada esperanza, y se colocó mirando hacia una pared que no veía, e imaginó. Imaginó una puerta de madera, en cuyo marco dorado se distinguían aves volando y peces nadando. Se imaginó también lo que habría detrás, un campo verde, lleno de flores bonitas y dulces... pero no ocurrió nada. Aquella voz le había mentido.
Rendido, se volvió a sentar y a apoyar la cabeza sobre la pared. Otra lágrima recorrió su mejilla, sin nunca saber que era una lágrima. Estaría encerrado hasta la eternidad en aquel espantoso lugar.
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