La calle estaba a oscuras y la ciudad dormía. El frío helaba
sus articulaciones de manera que sus movimientos eran lentos y torpes. Sin
embargo, sería capaz de calentarse rápidamente una vez entrase en acción. Si no
lo hacía, tendría un problema.
Sus pasos resonaban en el silencio, mientras recorría la
calle hacia el coche, donde un hombre esperaba, nervioso. Habían quedado allí
para hablar, pero eso no era lo que iban a hacer, precisamente. El hombre que estaba allí dentro le había hundido en la miseria, había acabado con su vida; ahora, era su vida la que debía acabar.
La puerta del copiloto emitió un chirrido cuando fue abierta, y se sentó en el asiento del copiloto. Aquel hombre le dijo algo, pero él estaba en un trance psicológico, pensando en aquello que tantas veces había repasado, pero que en aquel momento, había parecido dejar su mente. Debía actuar, pero se había quedado en blanco.
Vio de soslayo como aquel hombre llevaba su mano a su chaqueta, y entonces, sí actuó. Rápidamente sacó su cuchillo y lo hundió en su compañero. Poco después, había muerto. Había sido capaz de actuar de manera rápita y sutil. "No puedo dejar esto así", pensó el asesino. "Debo limpiar antes de que alguien lo vea."
Lo primero que hizo fue sacar el cadáver del coche. Una vez fuera, le quitó la cartera, el móvil y todo lo que llevaba encima; así parecería un atraco llevado a cabo por un drogadicto, necesitado de dinero para su vil sustancia.
Después, le alejó del coche, de manera que pareciese que el asesino le había pillado mientras andaba hacia él. Su tercera acción fue limpiar el coche de arriba a abajo, la sangre, la puerta por la que había entrado...Una vez todo estaba limpio, rayó el lateral con algo que parecía una letra indescifrable, como si aquella persona que le había matado hubiese estado colocado en el momento del crimen.
Una vez todo estaba listo, se fue, asegurándose de que no dejaba nada que pudiese incriminarle. Había comenzado su venganza.