lunes, 20 de mayo de 2013

El peor de los asesinatos

Una vez, fui.
Existí,
simplemente, aunque sin ver ni oír,
pero sentía y vivía.
Estaba en una especie de jaula,
en la que me alimentaban y protegían
mientras yo esperaba a crecer
lo suficiente como para poder salir.
Sin embargo, nunca ese sueño
que con tanta fuerza y emoción anhelaba conseguí;
me destruyeron antes de poder madurar.
Me mataron. 
No sé cómo está permitida semejante crueldad:
me asesinaron,
y nadie trató  de impedirlo.
Ellos tan solo pensaban en sí mismos,
en un caso,
en el peso que se quitaban de encima,
en el otro, en dinero. 
Egoísmo y materialismo son dos conceptos
que corrompen al ser humano.
Me mataron,
y no sintieron escrúpulo ni remordimiento alguno, 
aunque ya llegará, ya, el día en que se arrepientan.
Nadie, pues, podrá leer nunca estos versos,
pues, al fin y al cabo,
no soy más que uno
de tantos niños abortados.
Me mataron.

jueves, 14 de febrero de 2013

Rápido y sutil: vengado


La calle estaba a oscuras y la ciudad dormía. El frío helaba sus articulaciones de manera que sus movimientos eran lentos y torpes. Sin embargo, sería capaz de calentarse rápidamente una vez entrase en acción. Si no lo hacía, tendría un problema.
Sus pasos resonaban en el silencio, mientras recorría la calle hacia el coche, donde un hombre esperaba, nervioso. Habían quedado allí para hablar, pero eso no era lo que iban a hacer, precisamente. El hombre que estaba allí dentro le había hundido en la miseria, había acabado con su vida; ahora, era su vida la que debía acabar.
La puerta del copiloto emitió un chirrido cuando fue abierta, y se sentó en el asiento del copiloto. Aquel hombre le dijo algo, pero él estaba en un trance psicológico, pensando en aquello que tantas veces había repasado, pero que en aquel momento, había parecido dejar su mente. Debía actuar, pero se había quedado en blanco.
Vio de soslayo como aquel hombre llevaba su mano a su chaqueta, y entonces, sí actuó. Rápidamente sacó su cuchillo y lo hundió en su compañero. Poco después, había muerto. Había sido capaz de actuar de manera rápita y sutil. "No puedo dejar esto así", pensó el asesino. "Debo limpiar antes de que alguien lo vea."
Lo primero que hizo fue sacar el cadáver del coche. Una vez fuera, le quitó la cartera, el móvil y todo lo que llevaba encima; así parecería un atraco llevado a cabo por un drogadicto, necesitado de dinero para su vil sustancia. 
Después, le alejó del coche, de manera que pareciese que el asesino le había pillado mientras andaba hacia él. Su tercera acción fue limpiar el coche de arriba a abajo, la sangre, la puerta por la que había entrado...Una vez todo estaba limpio, rayó el lateral con algo que parecía una letra indescifrable, como si aquella persona que le había matado hubiese estado colocado en el momento del crimen.
Una vez todo estaba listo, se fue, asegurándose de que no dejaba nada que pudiese incriminarle. Había comenzado su venganza.

martes, 5 de febrero de 2013

Voces en el Alma (parte 1)

Antaño, aquella habitación había estado llena de vida y de color, pero ahora no era más que oscuridad. Dentro de ella, un joven estaba de pie, mirando en derredor sin ver nada. Había tocado las paredes con las manos y había comenzado a andar junto a ella, pero cuando se dio cuenta de que no hacía más que girar en las esquinas, dejó de hacer tan inútil esfuerzo. Se sentó junto a la pared de aquella habitación en la que no había nada más que su persona, y ni siquiera sabía quién era ni cómo había llegado allí.
Notó como algo caía, poco a poco, por su mejilla, sin saber qué era: nunca antes había llorado. O quizá sí, pero no recordaba nada anterior a aquel espantoso lugar.
Apoyó la cabeza en la pared, e intentó dormir. Sin embargo, cuando apunto estaba de caer en un profundo sueño, escuchó una voz. << Inténtalo>>, decía. <<No lo has intentado con todas tus fuerzas>>.
-Pero si no puedo-respondió el joven.-No hay puerta ni ventana por donde salir de aquí.
<<Efectivamente, no la hay>>, respondió la extraña y cálida voz.<<Pero no necesitas más que tu fe y mi compañía, y Yo, aunque no te responda, siempre estaré a tu lado.>> Tras decir esto, aquel ser desconocido se alejó.
Había dicho que usase su fe. Tal vez si...
Se puso en pie de un salto, con su batería recargada de una fuente de energía llamada esperanza, y se colocó mirando hacia una pared que no veía, e imaginó. Imaginó una puerta de madera, en cuyo marco dorado se distinguían aves volando y peces nadando. Se imaginó también lo que habría detrás, un campo verde, lleno de flores bonitas y dulces... pero no ocurrió nada. Aquella voz le había mentido.
Rendido, se volvió a sentar y a apoyar la cabeza sobre la pared. Otra lágrima recorrió su mejilla, sin nunca saber que era una lágrima. Estaría encerrado hasta la eternidad en aquel espantoso lugar.

lunes, 21 de enero de 2013

Felicidad según Descartes: 4 formas de ser feliz

Muchos han sido los que han descrito maneras de ser feliz, pero pocos los que han sido escuchados, a pesar de la estupidez que algunos decían. No quiero decir que Descartes dijese tonterías sobre este tema en concreto-si bien sí dijo tonterías sobre otros temas, tantas, que no sería capaz de contarlas con los dedos de una mano, y, probablemente, ni de las dos-, pero al autor francés tan solo se le ocurrieron cuatro maneras de llegar a dicha felicidad.
1.-Conformismo y moderación ante las leyes: pues bien, esta manera  ya fue propuesta, entre otros, por Tomás de Aquino, y más veces será propuesta a lo largo de la historia. Pero da qué pensar, ya que hay leyes justas, sí, pero también las hay injustas. Hay incluso cosas alegales, que no están dentro de la ley, ni fuera de ella, sino que no son mencionadas, simplemente. ¿Qué pasaría con esas leyes? ¿Y con esas no-leyes? Hay también quien diría que no tiene ninguna veracidad, ya que el hombre es un animal que por naturaleza inflige las normas. ¿Sería por tanto, para Descartes, el hombre un animal descontento por naturaleza?
2.-Firmeza ante las decisiones: esta es, probablemente, con la que mayor número de gente esté de acuerdo, ya que alguien que no está seguro ni de sus propias acciones mal va. Está claro que un humano (para que no me llamen machista si digo simplemente hombre) tendrá más éxito en la vida si tiene claro lo que hace y lo que piensa, pero de ahí a ser más feliz hay un buen trecho. Además, en cierto modo, se contradice con la siguiente forma de ser feliz.
3.-Capacidad de cambio: he de aclarar que con esto nuestro amigo René no se refiere a adaptarnos al medio que nos rodea, sino a ser capaces de cambiar nuestras decisiones ya tomadas. Aquí habría gente que se preguntaría algo así como: ¿WTF? Es lo que pensamos toda la clase cuando nuestro gran "maestro" nos enseñó a este autor, pero después de la explicación lo entendimos mejor. Uno puede tomar una decisión estando seguro, pero el humano no es perfecto; comete errores. Por eso, una de esas decisiones puede ser errónea, y por ello hay que ser capaces de cambiarla. Sin embargo, sigue sin calar profundamente entre nosotros, a quienes el propio Descartes definió como ser pensante. 
4.-Progresar en conocimiento: esta es ya la última, no os desesperéis. Pero no lo veo yo mucho sentido, no. Claro que hay quien es feliz sabiendo, y también quien se sabe feliz, pero eso no quiere decir que el saber y el ser feliz tengan relación, o por lo menos directa. ¿Quiere decir con esto que alguien que no hace más que estudiar será la persona más feliz del mundo? Juzguen ustedes.
Y piensen también: ¿Solamente hay cuatro maneras de ser feliz? ¿Y qué pasa con el amor, la pasión, as ganas de vivir, el hecho de vivir en una comunidad justa y libre?

sábado, 19 de enero de 2013

El final de la felicidad del hombre.

Hubo una vez un tiempo en el que el hombre era feliz. Un tiempo en el que existían pequeñas sociedades,  en las que nadie causaba ningún dolor a sus convecinos,  ni  nadie  deseaba  ningún  mal  a  nadie.  Simplemente querían  vivir,  distribuyéndose  las  labores entre ellos.  Unas labores muy  escasas y limitadas. Los hombres cazaban y protegían a los demás integrantes de su sociedad,  mientras  las  mujeres  cuidaban  de  los  niños, recogían frutos, y se encargaban de que todo estuviese  ordenado.  No  era  una  sociedad  injusta,  todo  lo contrario; era una sociedad donde todos eran felices.
Nadie decía a nadie lo que tenían que hacer.  Cuando  los  hombres  llegaban  de  caza  con  la  que sería su comida, se la repartían entre las familias, pacíficamente, sin que nadie se opusiese.  Una  sociedad  en  la  que todos buscaban un único bien común.
Y digo sociedad, sí, y no pueblo, ni poblado, ya que esos hombres y mujeres iban cambiando de hogar cada vez que los recursos eran escasos.  Era  una  gente que cada año había  visto  decenas  de  sitios  diferentes, había conocido decenas de montes diferentes, había explorado decenas de bosques diferentes.
Pero toda esa felicidad y toda esa justicia acabó, cuando, un día como otro cualquiera, de la boca de un hombre salieron tres simples palabras: "Eso me pertenece".
Así, concluyó la etapa en la que la humanidad era feliz, y comenzó otra, más triste y desastrosa, en la que el hombre era materialista.

viernes, 18 de enero de 2013

Un libro llamado Sociedad

Despertó por la luz del sol. Se levantó y recogió lo que había sido su estancia por una noche. A su alrededor, los pájaros piaban, alegres, mientras el viento gemía al pasar entre los árboles.
Una vez más, se subió la mochila a la espalda, y como en los últimos miles de años, comenzó a andar.
Unas horas después, junto a un bosque verde y alegre, se detuvo para descansar. Allí estuvo el hombre, durante unos minutos, hasta que ya estaba listo para seguir. Se puso en pie. Sin embargo, con el primer paso que dio tropezó con un objeto oculto bajo una finísima capa de tierra. El hombre volvió a bajar su mochila, se agachó, y comenzó a desenterrar ese objeto que le había impedido seguir su camino.
Atónito, descubrió que era un libro, en cuya portada no había nada, ni una sola palabra ni un solo símbolo en que fijarse. Nada. Estaba manchado por la tierra que quien sabe cuánto tiempo había estado sobre el libro.
Hasta su nariz llegaba un olor a hojas en descomposición, por lo que dedujo que llevaba allí mucho tiempo. Además, el simple hecho de estar en contacto con su tapa, le producía dolor. Era un libro espantoso y grotesco.
Pero eso, yo creo, fue lo que más le llamó la atención del libro. Había estado toda su vida viendo cosas agradables. Si aquel libro hubiese sido bonito y encantador como todo aquel mundo que le rodeaba, los árboles y los pájaros, no habría sido más que un simple objeto más. Por fin, lo abrió. Eso fue su perdición.
Años y años pasaron hasta que otra persona topase con ese libro. Pero esta vez, el libro sí tenía algo escrito: la letra "s".
Miles y miles de años después, en la portada del libro se veían ya varias palabras; un título y un autor.
A su vez, mientras el misterioso libro se formaba, engullendo a todo aquel que osaba a abrirlo, todo lo que se encontraba a su alrededor iba cambiando. Los árboles se tornaron más oscuros, hasta un color casi tan oscuro como una noche sin luna y sin estrellas y los pájaros dejaban de tener vida, pero seguían volando.
El título del libro era Sociedad y su autor El Hombre.